lunes 13 de julio de 2009

Dos cabezas piensan mejor que una

Cuánta razón tienen los que saben, cuando dicen que el fútbol es un cúmulo de afinidades y desavenencias, que solo se gana un partido cuando se sabe sacar provecho del yerro del rival, cuando se impone la inteligencia sobre la fuerza, el talento ante la vehemencia y se riega sobre el césped, eso que a veces cuesta tanto en un partido de sangre caliente: La Paciencia.

Un clásico que presentaba un marco espectacular, pintaba para ser un partido trabado desde el vamos, que marcaba distancias individuales, pero solo para la estadística. Un clásico como tantos otros, solo que esta vez, el escenario se había vestido de crema y no dejaba espacio para una sola banderola blanquiazul.

Costas, frente a Reynoso asemejando estar en un juego de estrategia detrás de sus controles remotos, frente al TV de 50" que mostraba un campo de batalla virtual a punto de empezar. El rioplatense, precavido a guardar el orden atrás y descargando su confianza a su tridente amenazador, con Montaño, Sánchez y Fernández, para apretar desde el inicio. El "Cabezón" apelaba a una suerte de guerreros sin nombre, casi todos del mismo tamaño y con la esperanza de encontrar la red penetrando diagonalmente, con Espinoza y "Toñito" Gonzales, zurciendo los pasos que perdería Solano, ante una marca predecible, pero confiado al toque y desmarque de Labarthe y la arremetida punzante de Orejuela.

Es en estos partidos, donde las figuras individuales toman cuerpo y se hacen importantes, en la medida que trascienden para el desarrollo del juego y son los referentes a ponerse el equipo a las espaldas. Montaño, pudo ganarse la roja infantilmente, muy temprano, pero siguió en juego, para empujar, hacer la pausa y generar peligro con un pase gol o una falta. Solano no estaba en el partido, tapada su visión con Jayo y Ciurlizza, era Toñito Gonzales, el que sobresalía en una U que jugaba como visitante. Por eso muy rápido el marcador de abrió, como consecuencia de una jugada vistosa del tridente blanquiazul. Sanchez que remata y Bazán se estira al máximo, dejando regados, el balón para que Fernández la anide y su hombro, que se fraccionó como la defensa crema que se quedó perdida en la sorpresa.

A veces, los cambios intempestivos hacen tanto bien, como los goles tempraneros o pueden ser tan fatales, como las propias ausencias o el manejo de un resultado. Llontop, atajó su primera pelota y desde allí se hizo dueño de su posición. Alianza perdió a Montaño, era un solo jugador aliancista, pero en la cancha parecía que le faltaban como tres. El duelo de estrategias, llegaba a su punto crítico, mientras Reynoso, cambiaba muy suelto de huesos a su mejor hombre -hasta ese momento Toñito Gonzales- buscando profundidad. Por el otro lado, Costas no encontró mejor manera de hacerse un autogol, con una lectura tergiversada, mandó a Trujillo, renunciando al fútbol de Quinteros y después terminó de desarmar su tridente, para dejarle espacios a Solano que cobró protagonismo.

Es un mal endémico de nuestro fútbol. La bendita pelota parada, que se origina de faltas a veces creíbles, otras necesarias o simplemente las que resultan estúpidas, como infantiles, por decir lo menos. A Solano lo pueden guardar en el camarín 80 minutos y como en el básquet, solo sacarlo los últimos 10' para que le pegue en una falta. Y es que el Ñol, no patea, acaricia con un guante el balón y la pone donde quiere. Para despecho aliancista, esta vez la puso primero en la cabeza de Labarthe, que hizo lo que manda el código, cuerpo arqueado, giro de cabeza y adentro. Luego a Piero Alva, que ganó la posición a Uribe q se dejó estar y se llenó la boca de gol. Un gol que lo gritó la mitad del país y el "Zorro" lo celebró como el mismo lo siente, como hincha crema que es.

Se puede decir que este clásico no tuvo fútbol, pero si mucha fibra. Reynoso, se encontró con el infortunio de Costas que deambuló en las ideas concretas y careció de un plan de contingencia ante la ausencia de Montaño. La U no podía pasar el cerco aliancista, pero fue paciente para esperar el momento oportuno, pudo no haber ocurrido, pero cuando se habla de la garra crema, hay ocasiones en que no debería sonar a leyenda, porque los cremas le pusieron vértigo en la parte final y digamos que el resultado, fue un premio a su constancia, aunque el banco aliancista, le dio un cheque en blanco y se quedó sin fondos.

Hoy hay caras felices, ante un triunfo valioso, traído desde los escombros y otros compungidos ante la fatalidad y la precaria suma de argumentos para asegurar, lo que hasta el minuto 80 era una alabanza al orden colectivo. Dicen los que saben, que el fútbol tiene sus caprichos y que los clásicos no solo se juegan, se ganan y para ello, ya no hay tiempo para aprendizajes. Se puede perder con cualquiera, menos con el eterno rival. Son las derrotas que duelen mas, que tardan en olvidarse y se hacen visibles en el tiempo. En el fútbol de hoy, si no puedes encontrar la red con los pies, se hace necesario tener paciencia y pensar, aunque para ello se deba aceptar que dos cabezas, piensan mejor que una, o por lo que se vio en el clásico, dos cabezazos, que pudieron cambiar toda una historia casi concebida.

viernes 29 de mayo de 2009

La trilogía mágica del fútbol

Hugo “Cholo” Sotil es una leyenda de nuestro fútbol. Un predestinado que hacía diabluras en una cancha de fútbol, capaz de darle un baile a sus rivales, en un metro cuadrado, siempre sonriente y divertido. Aunque por sus venas corra sangre aliancista, en su pasado glorioso se puso la franja de mi Muni querido y la selección nacional. Pero su mayor logro, fue allá en la madre patria, aquella tierra que nos trajo hijos paridos para conquistar y que con su gambeta endemoniada, logró resarcir el orgullo peruano. Fue ese sortilegio calzando botines, el que encandiló a un pueblo azulgrana, logrando que se rinda a sus pies y lo adore para siempre.

Hoy a sus 62 años, el “Cholo”, reposa en su sofá, toda la adrenalina vertida, después de haber visto como su Barza se ha llevado la Champions de una manera fabulosa. Tratando de esconder algún suspiro asolapado, ha dejado que los recuerdos vivitos le adormiten la mente. Fueron tantos momentos gratos, tardes gloriosas con la camiseta azulgrana y sobre todo aquella inolvidable Liga española de 1974, por la cual hasta el día de hoy, le guardan un agradecimiento demasiado especial.

De alguna manera, los peruanos nos hicimos hinchas del Barza, a partir de nuestro “Cholo” Sotil. Fue nuestro distintivo insertado en las páginas del libro de historia del Barcelona, un grande que ha visto pasar por sus filas fenómenos del balón, que marcaron épocas tan gloriosas algunas y tan desabridas otras tantas. Sotil y Cruyff antaño, la triple “R” brasileña, encumbrada con Romario, Ronaldo y Ronaldinho. Fue la cuna que recibió al D10s Maradona, a quien lo llenó de lisonjas por doquier, sin saber que empezaría entre sus brazos, esa terrible adicción a lo prohibido. De alguna manera siempre hubo una razón para sentirse admirador de este equipo catalán, que ni siquiera su archí enemigo el Real Madrid, con todos sus “galácticos” pudo destronarlo en simpatía.

Somos privilegiados observadores del Barcelona de estos tiempos, un equipo fantástico, que ha logrado el trébol de tres hojas, la Liga, la Copa nacional y finalmente la Champions de una manera encandiladora. Es una hazaña mítica que lo encumbra como una leyenda. Este Barza es un agradable deleite para la vista, un bálsamo para la pasión, cada vez que hace una oda al fútbol bello, produciendo sensaciones de placer que llegan al éxtasis. Este Barza, tiene todo lo que otros quieren y no le falta nada, de lo que otros tienen, le sobra eso que seduce al hincha, que vibra con ese toqueteo que trastorna al rival, lo saca de quicio y lo lleva por los caminos prohibidos de la seducción, hasta hacerlo su vasallo, un simple plebeyo que doblega sus fuerzas, ante tanta perfección que se desparrama en cada centímetro del terreno de juego.

No fue suficiente el arranque fantástico y agresivo de los hijos de la Reyna, tampoco aquel espíritu guerrero de un “apache” ni tampoco el pergamino de algún Cristiano ilustre. En Roma se ha consolidado la trilogía mágica MIX (Messi, Iniesta y Xavi) para hacer del Barza, el equipo del fútbol total, con ráfagas de preciosismo que pregona Xavi, el cerebro que se puso botines, el abanderado del pie fino, a veces tan perfecto y letal como un beso apasionado lleno de veneno. Iniesta, el genio con overol que trajina la cancha, doblegando las marcas y haciéndose espacios para generar la pared y el pase exacto, como alguna lección de geometría, y Messi, el cada vez más cercano sucesor del D10s, el sabio que se hizo futbolista, el pequeño gigante venido de alguna galaxia lejana, donde viven los dioses del balón. El mejor del mundo, que vino a Roma para llevarse la Champion y el balón de oro, en un solo paquete.

El primero fue una puñalada de Iniesta al área y Eto’o se llevó de paseo a Vilic para ejecutar con rabia y dejarla en la red, en un instante del partido que fue fundamental para su trámite. El segundo, fue otro pase de Iniesta que surcando los aires, fue buscando destino. El Lio Messi, se eleva como un pajarillo doblegado por el viento y le pone la cabeza, como si fuera su propia zurda bendita. El balón, fue a dar al fondo, quedó sonriente, allí donde se esconden las ánimas y se producen las más grandes sensaciones de alegría. Fue suficiente para sentenciar un partido espectacular e inolvidable, que marcó el compás para esta danza de figuras dentro del Estadio Olímpico de Roma

El Pep Guardiola debe sentirse orgulloso hoy más que nunca, su sueño de estrellitas y duendes, se ha hecho realidad y ha entrado a la posteridad. Como el mejor técnico debutante de la historia. Ha logrado que su equipo, sea la fantasía acariciada de todos. La precisión y el pressing asfixiante, es su norma para jugar. Una tenaz lucha para recuperar el balón y echarse a jugar bonito cuando lo tienes consigo. Ese es el estilo de este Barcelona que ha roto el viejo paradigma, que los equipos bellos no ganan y tampoco saben ser campeones.

Hoy se han prendido las luces multicolores del Camp Nou, para albergar a sus hinchas, que reciben a sus héroes embriagados de gloria y los pasean por ese mítico escenario, que hoy es un coloso vestido de magia y regocijo eterno, nadie está sentado, todos están de pie, para ver pasar coronado a su nuevo rey, el que hoy es la mejor expresión del fútbol en el mundo y que se asemeja a la perfección divina de una trilogía fantástica y exquisita. Solo queda aplaudir, porque el fútbol bello y total si existe, que nunca se muera. Que Viva el Rey.


martes 19 de mayo de 2009

Futbol de sentimientos encontrados

Es Sábado al mediodía y llega a casa mi amigo Juan con su esposa. Compartiremos el almuerzo. Juancito, como lo llamamos, es Aliancista a muerte y hoy es su cumpleaños, ha dejado que su hijo menor se vaya al estadio con unos amigos del colegio y los padres de éstos, tan Aliancistas como su vástago. Después del almuerzo, Juancito quiere ver en la TV a su Alianza, yo le digo que hoy golea y que el CNI está fácil, que mejor veamos una película, él me insiste y me responde que debe ganar, pero que por su cumpleaños, quiere que por lo menos juegue bien, que guste y que vuelva a ser el Alianza que siempre admira y recuerda. Su deseo solo se cumplió a medias.

Montaño ha ensayado tres asistencias seguidas y no está fino, falla demasiado y Alianza no asume su papel de local, se va dejando llevar por la inercia. Velásquez enredado con sus arrebatos y De la Haza, luce desordenado y Jayo mas intrascendente que nunca. Pero está escrito que en el fútbol, la genialidad y la habilidad son valores agregados, que pocos jugadores pueden jactarse. Montaño, empieza a sacar de la galera esa picardía, innata que suele contagiar a Alexander Sanchez y entonces todo pasa por lo que ellos puedan hacer. Primero un remate rasante que abre el arco y luego una asistencia de tres dedos, mortífera a Velásquez, después dos remates que pudieron ser golazos y varias habilitaciones destacadas que hicieron al colombiano, la figura de la cancha. De la Haza, con un fierrazo, le pone la cereza a la torta, que degustamos con mi buen amigo, Aliancista de corazón y tan íntimo como nuestra extrema confianza.

Es una fiebre de sábado en el Callo. Acaso y para los que pueden ver en la TV tanta gente en el Miguel Grau, parezca otro partido de primera, tan importante como una final de campeonato. Es el primer partido del Boys en segunda división, pero eso, no les parece importar a sus hinchas, que han reventado las tribunas, llenándolas de banderolas, alegría y vibración al máximo, brindando un espectáculo impresionante de fervor rosado. Resulta paradójico, que mientras al lado, en el cementerio, algunos chalacos, recen en silencio por sus muertos, a unos metros de allí, muchas gargantas están haciendo eco a un grito de aliento incesante, por las once vidas que están en el verde, se desgarran, en cánticos y alabanzas que hacen un panorama apoteósico y conmovedor. Quizás el resultado final, solo sea una anécdota, porque después de ver este frenesí chalaco, mas de un hincha de otro equipo de primera, haya sentido una envidia ajena y asolapada, cuando ha mirado el espejo de su propia tribuna.


Ya es casi medianoche y en el teléfono mi amigo Edwin, tiene la voz entrecortada. Él ha estado en el estadio y no puede terminar de contarme lo vivido, porque alguna lágrima de emoción, le corta las palabras. Ha podido estar junto a su hijo, sentado en la tribuna y el único gol del partido, el del triunfo lo ha gritado abrazado a su vástago, ha reventado la garganta y se ha sentido feliz de tener puesta la rosada en el alma. Nadie quizás entienda su irracional pasión por sus colores y tampoco nadie pueda entender como un equipo que juega en segunda, con jugadores que tienen el DNI vencido, pueda lograr convocar tanta gente y tanta pasión loca en un mismo lugar. Eso, solo puede lograrlo un equipo de tradición, tan arraigada como el mismo amor que siente Edwin por su, tierra, su barrio, su gente o su propia familia. A veces esas cosas no se entienden, solo se viven, a veces intensamente, a veces tan irracionalmente, pero es parte del fútbol.

Es Domingo, hora del almuerzo y Javier sale de su casa rumbo al estadio. Él es Trujillano, noble habitante de Ascope, tierra bendita de la buena gente y exquisita comida. Esta vez tiene los sentimientos encontrados, el equipo que defiende su tierra, bajo el membrete de la Universidad Cesar Vallejo, debe afrontar su encuentro ante lo que representa el amor de toda la vida, Universitario. Es difícil la elección, es difícil el compromiso, pero ha optado porque hoy su corazón, sea quien lleve las riendas de sus sentimientos y espera vivir las emociones al máximo dejando que sea su entusiasmo, el que acompañe esta tarde trujillana que se torna placentera.

La U ha adelantado en el marcador, pero ha perdido a su arquero Fernández. Javier está tranquilo, pero hay un mal presentimiento que va tomando forma de fantasma. El marcador se va moviendo, según el “Pompo” Cordero –un ex hijo crema- va sacando del sombrero nuevas suertes, que sus compañeros aprovechan dos veces seguidas y ya dieron vuelta al marcador. Javier tiene una desazón en el pecho y espera la igualdad para sentirse tranquilo. Pero dicen que los hijos que se van de la casa, siempre te darán dolores de cabeza. Arremetida merengue, contragolpe trujillano y es el hijo pródigo, el que se fue un día, el que le dicen “Pompo” por su cara de niño travieso, el que asesta la puñalada feroz y mortal, que matan las alegrías cremas. Javier abandona el estadio, su hija mayor está con ella, ambos sonríen, esta vez no hay dolor, tampoco resignación, cualquiera de los dos habría podido alegrarles el corazón, trujillano de nacimiento, pero crema por devoción.

En la sala, está el Rafo, junto a sus hijas, miran la TV donde está jugando su Cristal y recrean su vista en la mirada perdida de Oblitas. Se oyen los gritos despiadados de los hinchas huancaínos que esperan “ver” por última vez al “Ciego”. Su cántico es cruel y no entiende de consideraciones dirigenciales ni procesos a largo plazo. Su herencia es guerrera y espera aniquilar al rival no importando las consecuencias ajenas. El Rafo, tiene confianza, ha visto que el equipo no gana pero amaga jugar bien y por entrega no hay quejas. El inicio del partido, lo hace tener arcadas, hay un mal presagio en su pensamiento, que tiene una pelea con el optimismo de su corazón. El Huancayo ha arremetido con todo y solo espera que su rival decaiga en cansancio. Pero si hasta ayer no había tenido seguridad en defensa, esta vez Carvallo, se estaba convirtiendo en héroe. Señal de que nuevamente hay amenazas para que este Cristal vuelva a romperse.

Oblitas, firmaba el empate y el Rafo, frente a la TV, había puesto su mano en la Biblia. La misma que usa el "Vagón" Hurtado, la única que podía echar a mano Cristal, la única forma y medio por el cual Oblitas podía lanzar una plegaria y pedir algún milagro. El cielo huancaíno se abrió de par en par, como el arco de su equipo. Hurtado define cuando faltaban doce para el final y lo celebró todo el Rímac. Ataque frontal, contragolpe letal. El "Chorri" asoma en su último aire y asiste al "Vagón" que logra anotar, casi pidiendo permiso, casi como una invocación, una oración, para que este Cristal no termine hecho añicos. Su gente que confiaba tanto, no se merecía tan pesada cruz. Pareciera que en ese abrazo final de todos los jugadores rimenses con Oblitas, hubiera un pacto de solidaridad, que han asumido con entereza. Pudo haber sido el final del "ciego" y quien sabe nadie lo asegure, este Domingo, haya significado demasiado para todos los rimenses, que han sentido que la tormenta ha calmado parcialmente las angustias. Lo que si es seguro, que Oblitas, después de varios días ha podido regresar a Lima, mas tranquilo y en casa, abrazado a su almohada color celeste, ha podido dormir plácidamente.

Ha sido una semana, cargada de sentimientos encontrados, de alegrías y tristezas, pero de esto está hecho el fútbol, es su esencia, su razón de ser y por eso nos entusiasma tanto, por eso nos llena los ojos de fervor y el corazón de una pasión descontrolada, pero que siempre nos regala un motivo para disfrutarlo tanto.


martes 5 de mayo de 2009

El fùtbol verdadero si existe

Pocas veces un partido de fútbol, puede terminar llevándonos por un mundo de fantasías y emociones, hasta el límite de nuestras agitaciones y dejarnos sumidos al éxtasis infinito. Pocas veces un equipo de fútbol, puede dejarnos en la boca, ese dulce sabor a complacencia por tanta magia y efectividad junta. Pocas veces, un partido entre Barcelona y Real Madrid, nos ha dejado el disfrute en el pensamiento y que cada vez que se repasa en el recuerdo, resulta mas agradable y mas seductor, como cada jugada y cada minuto de juego concebido.

Y es que resulta difícil, olvidarse tan rápido de un partido tan memorable como exquisito. Este Barcelona que ha conseguido cristianizar el fútbol con su evangelio sacro, de jugar demasiado bien al fútbol, de ser soberbio en avanzada y prolijo en la salvaguardia de los ofensivas rivales. Con una exactitud de movimientos que raya en lo perfecto y con un talento puro en esencia al servicio de la táctica, que transforma su juego en poesía, logrando un inspirado concierto, capaz de recitarse en el mismísimo santuario de su eterno rival, el Real Madrid, nada menos.

Este Real Madrid, aún con el karma de súper poderoso y ese vano intento por querer lograr que los nombres notables funcionen juntos y borrar ese estigma de "galácticos" que tiene adherido al pecho, es un equipo que se ha hecho mas veloz que sus pensamientos, pero es un barco que zozobra cuando lo atacan por los estribores y se hace vulnerable cuando acelera los motores y sale a buscar un resultado, sin siquiera sentirse seguro de la tormenta en su propia guarida. Este Madrid que en la previa ha tenido a su tradición como mejor aliado, jamás pensó que en medio de la fiesta le tocaría bailar con la mas fea, tampoco que en su libro de historia, debería escribir una página con tinta de sangre, con lágrimas de tormento y rabia de impotencia.

El Pep Guardiola no tendrá los años y el kilometraje de un técnico consagrado, pero tiene la facultad de haber sido un crack en la cancha y hace entender la idea de juego colectivo y entonces solo saca la varita mágica y desparrama los ases para que entreguen su talento al servicio del fútbol exquisito, ese que nos encandila, nos subyuga y nos hacer reventar de fervor en cada minuto feliz que el balón besa la red. Ese fútbol de ensueño que este Barza ha sabido cristalizar en cada fecha de esta liga, que ya tiene su nombre propio, desde el primer día que decidieron jugar como los mismos dioses.

Lio Messi, es hoy el mejor exponente del fútbol explosivo y vistoso, como letal en tres cuartos de área enemiga. Desde que usa la 10, pareciera haber heredado los poderes del D10s del fútbol y siempre que toma el balón, nadie sabe lo que va hacer o hacia donde vaya a salir, aunque todos esperan siempre, un desenlace feliz. Henry, ha conseguido el punto de equilibrio entre la exquisitez y la potencia, ahora es dúctil y generoso para el colectivo, la exactitud en el pase y el desmarque continuo, hacen que cada intervención suya, sea una versallesca oda al glamour en un campo de juego. Samuel E’too, aunque no estuvo presente en el marcador, tiene su lugar privilegiado, ese que está adornado por albores de energía y epílogos de efectividad consumada en el romance eterno con la red. Pero si hay un jugador que pueda calificársele de exento de errores y escribir su nombre con letras mayúsculas, ese es el enorme Xavi y su virtud para jugar bien y pasar desapercibido, es un gigante que se complementa con otro casi infalible como Iniesta y que al final hacen que este Barza funcione como una máquina de fútbol y con motor de lujo.

No sabemos que ocurra mas tarde cuando este Barcelona de endiosado fútbol, visite Londres y se mire a los ojos con el poderoso Chelsea de Drogba. No sabemos si logre repetir otra actuación igual o si el resultado sea un complemento de lo que hoy por hoy nos regala este Barza, solo sabemos que será otro partidazo y aunque le toque algún sabor amargo, solo queremos quedarnos con el lindo recuerdo de un sábado de fútbol que a pesar de los días transcurridos (creo que pasarán muchos mas) aún permanece en nuestra mente. Es que cuando uno ama con pasión el fútbol, este tipo de partidos, hacen que nuestro sentimiento se fortalezca y se agigante nuestro amor por este deporte bendito. Gracias a Dios por darnos fútbol y gracias Barcelona, por este imborrable recuerdo. Nos has demostrado que el fútbol verdadero si existe, ojalá y pudiera durar para siempre.

miércoles 29 de abril de 2009

Una noche de cuervos

Tengo amigos hinchas de la U por doquier. Conozco fanáticos cremas y me he encontrado con hinchas acérrimos que destilan sangre merengue por sus venas. Pero mi buen amigo Erick, es un caso especial. En cualquier lugar que lo encuentro, siempre hay una arenga o una vivencia para con su equipo, que me conmueve en demasía. Para alguien que tiene el pecho edil, acostumbrado al sufrimiento, cada vez que lo escucho, siempre me queda esa rara sensación, que uno puede ser, hincha apasionado y amar una camiseta, pero muy pocos, pueden ser predicadores del evangelio futbolístico de su equipo, mas aún, cuando en ese amor y fidelidad confeso por sus colores, siempre están presentes, sus vivencias compartidas a veces alegres, a veces tristes, con su hija, quien ha heredado ese sentimiento, a veces irracional por Universitario.

Erick, se fue al “Lolo” Fernández -un templo de fervor crema- y mientras su hija sudaba en el voley, con la U en el pecho, él, apretaba las manos y rogaba porque sus temores escondidos de perder ante los “cuervos”, sea al menos por la mínima diferencia y al final, no sea una señal de un mal presagio, por lo que pudiera pasar en Asunción. Temprano me comentaba, esa forma desdeñosa y exagerada que tenían los “fanas” del “ciclón” en su dignidad, como valoran y comparan con sus rivales acérrimos, las estadísticas de eliminaciones en copa, la menor asistencia en un estadio y el simple hecho de no permitir -aunque estén eliminados- de que estén demasiados peruanos en la popular visitante y la U pudiera parecer, ser local en su propia casa. Debe ser una cuestión de actitud calenturienta o parte de la identidad del hincha argentino, pensaba para mis adentros.

Pero el nuevo Gasómetro lució despoblado de hinchas “cuervos” y en cambio, muchos corazones cremas en la tribuna, lo llenaron de banderas. Esta U solo debía ir por la igualdad y lucía confiado. Este San Lorenzo, sumido en sus pesares internos, solo se arreglaba el cabello para salir a un compromiso asumido por las circunstancias. No era su lucha, tampoco su responsabilidad, esa era una carga para el rival. La U solo jugaría a no dejarse vencer por San Lorenzo, pero debía evitar la fatiga mental, por la ansiedad de saber que pasaba en Asunción, con el San Luis mexicano. Pero este equipo “cuervo” no esperaba –y tampoco es su culpa- que su rival salga timorato, deshilachado y por momentos autosuficiente, quizás ensalzados mas de la cuenta, por ese exceso triunfalista de la prensa peruana, que siempre logra poner en un pedestal a un equipo o un jugador y mandarlo al demonio al día siguiente por un mal resultado.

Era el minuto 21” y mi amigo Erick, acompañado de hinchas cremas, digerían un trago amargo. Calheira, el que debía meterla para estar tranquilos, traiciona su función y marca en su propio arco. Era lo previsible –pensaba Erick- pero otra desatención crema, deviene en un 2-0 que más que una sorpresa, ya era una fatal preocupación. Los hinchas no dejaban de alentar en la tribuna. Pero la U no aparecía y entonces el partido se hizo una pantalla de TV dividida entre Bajo Flores y Asunción. El reloj en el “Lolo” era otra pantalla gigante y los temores y angustias, fueron calando los nervios como perros de presa. Esa garra crema, tan enaltecida, tan orgullosa, no apareció nunca y el desgano fue un jugador que se metió a la cancha y para desgracia, se puso la camiseta crema.

El fútbol es una cuestión de oportunidades, es cierto, pero debe existir una cuota de actitud y entrega, para que se muestren a favor. Buscar un resultado de visitante, implica guardar precauciones y tener mucha paciencia para ir dibujando el panorama dentro del verde. Un planteamiento defensivo, no solo es cuestión de amontonar nombres, también es una cuestión de estrategia y un cachito de inteligencia. Si Solano no arrancó es porque no llegó 10 puntos al partido, sus minutos en la cancha fueron nada y ese botín derecho tan recordado en Argentina, se quedó en Lima, junto a ese equipo dúctil y funcional, que hizo ilusionar tanto a los peruanos y los pasquines, ya celebraban por adelantado una clasificación merengue.

Hoy temprano, vi a mi amigo Erick. Su rostro melancólico y su andar desencantado, me hicieron sentir una congoja ajena, mucho más cuando me contó que su hija, aún sabiendo el resultado, trataba en su inocente fervor, de seguir haciendo cuentas con la calculadora, quizás no resignando una suerte definida por un gol de diferencia. Talvez tratando de remendar su desazón por ese gol mexicano en el epílogo de sus angustias. Quizás también porque ella tiene la misma sangre de su padre, tan crema como la suya y tan caliente como esta noche de cuervos, donde se esfumaron esas alegrías que estuvieron tan cerca de los ojos y han quedado regadas por el suelo, tan lejos del corazón y hecho trizas en el sentimiento
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miércoles 22 de abril de 2009

A esperar con la Santa Paciencia

Debe ser que aún es joven en el fútbol y un novato para estos menesteres de rigor, como es jugar una Libertadores, donde los partidos se disputan con la sangre hirviendo y los dientes apretados. Debe ser que su crecimiento tenga que esperar aún un tiempo, para que se haga grande y tenga un nombre respetable para verlo en plenitud. No se encuentra otra explicación, para entender, como esta San Martin, que tiene en la espalda un soporte vital que lo deja libre de preocupaciones, jugadores de nivel competitivo y un juego de conjunto que lo tiene de animador de la copa, tenga estos partidos, donde salga al verde, parsimonioso, timorato y con el pedal en el freno. Estando en casa y urgido de puntos decisivos, en una Copa Libertadores, no se puede dar ventajas. Se tiene que mostrar avasallador desde el vamos, el rival –no importa quien sea- debe mirar nuestros dientes y no precisamente por una sonrisa.

Nacional es un equipo de oficio. Al margen que Pelusso haya dicho que se sentía en casa, finalmente él ni Rivera juegan, pero si sus jugadores y vaya que los uruguayos entienden el mensaje subliminal de su técnico. Vamos a ganar la iniciativa, habrán pensado en el camarín y por eso mientras a Nacional no le desacomodaba, ser visitante, los santos no podían amoldarse ante tanta asfixia que sintió al inicio. Pero después de un primer tiempo prometedor, un raro atisbo de desconfianza, fue deslizándose por la tribuna. Agazapándose entre la gente, estaba la suspicacia, que iba susurrándole al oído a los hinchas, que había un pacto de no agresión, oleado y sacramentado y ninguno podía agredir al otro por un factor de conveniencias compartidas y un poco de temor esquivo también.

En el verde deberían estar dos conjuntos jugando un partido de Copa Libertadores, pero parecían dos amigos jugando el tenis del fin de semana. Ninguno de los dos quería arriesgar mas de la cuenta. Nacional haciendo rodar el balón sin trascender y San Martín sumido en ese culto al toque vistoso y traslado lateral improductivo, muy típico de nuestro fútbol doméstico. Tuvo que ser el visitante el que deseche cualquier mal pensamiento, cuando recién a los 73” Mondaini sorprendió a Butrón con un disparo al primer palo que le daba el premio adelantado. Recién despertaron los santos de su letargo, cuando se sintieron amenazados en la tabla y lanzados en ataque, demostraron que si se lo hubieran propuesto, sacaban el partido adelante y hoy estuvieran sentados cómodamente a esperar el viaje a Buenos Aires, para salir de shopping y de paso, jugar su partido pendiente contra River.

El epílogo esta vez, se presentaba tormentoso, pero Ludueña quien no había trascendido en el partido, sacó un conejo de la galera, para sorprender a la asistencia, con un golazo de tiro libre perfecto que llegó a dos minutos del final. Le pegó como debe ser y tranquilizó las ansiedades que ya se estaban haciendo visibles en tienda santa. La igualdad no es mala, mas solo tranquiliza los nervios, por el momento. Pero se pudo ir a dormir mas tranquilo Rivera, si esos dos puntos perdidos, hoy no se hubieran convertido en una súplica para estar a la espera de otro resultado.

Ahora aparte del deseo para que River no sume en Paraguay, hay que esperar lo que devenga si sucede lo contrario y se tenga que ir al Monumental de River con la única consigna de no dejarse vencer, pero con la intranquilidad de saber que en ese recinto, esta misma San Martín, sintió el rugir de la 12 y sucumbió a los pergaminos de su antagonista y sus deseos de pasar la siguiente ronda, se diluyeron como agua entre los dedos. Solo hay que tener consigo a la santa paciencia y esperar como se presenta el panorama. La posibilidad está intacta y San Martín sigue dependiendo de si mismo. Por lo hecho hasta ahora, los santos merecen pasar la valla, pero muchas veces, el merecimiento es una utopía en el fútbol. Esperemos que esta vez la historia sea diferente, así lo deseamos todos los peruanos.


lunes 20 de abril de 2009

Y un día fuimos héroes

Fernando y Pepe son Aliancistas. Fernando aún con la resaca jubilosa del concierto de KISS en el cuerpo, tomó a sus tres hijas y se fueron a Matute, con la esperanza de ver ganar a su Alianza de toda la vida, aunque los rezagos de un miércoles de angustia, con ese empate ante la San Martín, le había dejado un sabor agridulce en la boca. Pepe, es íntimo fiel a su Alianza, que no juega bien, no lo convence, pero se aferra –igual que Fernando- a ese sentimiento interno que aflora y vence complejos, cada vez que su equipo tiene un encuentro trascendental. Pepe no quiso quedarse en casa y también está en el estadio, vibrando el inicio de una fiesta jubilosa entre tanto corazón íntimo, que salta optimista en la tribuna.

Rafo y Jhonny, son celestes a muerte y aunque la irregularidad de Cristal sea un karma que acompaña a sus jugadores, ellos siempre mantienen la esperanza que la razón sea mas grande que las ganas y aunque tengan la franquicia de contar con una institución modelo, en la cancha aún hay temas pendientes y que esta tarde esperan cambiar. Las circunstancias han comprado los boletos en primera fila y todo es cuestión de saber esperar el inicio del show. Ellos no han ido al estadio, han preferido verlo por la TV, mas por una cuestión de suspicacia personal, que por algún sentimiento encontrado.

El pitazo inicial, los ubica en diferentes bandos y también en polos opuestos de fervor. Los íntimos se ponen de pié, en cada arranque prometedor de Montaño y aplauden con entusiasmo cada intervención al límite de Fleitas. Los celestes, esperan que el combustible del “Vagón” Hurtado no se gaste pronto y el motor de Sheput, esta vez por fin aguante 90 minutos. Las primeras tonadas en el verde van dejando un sonido agradable, un ida y vuelta que puede determinar quien pegue primero. Montaño se inventa otra vez, una jugada descomunal y una asistencia estupenda para “Wally” Sánchez que llega tarde. La réplica celeste encuentra al “Vagon” con el motor encendido y su carrera es fulminante, llega al fondo, para mandar la puñalada, justo en el corazón del área. Allí Sheput, nuevamente le pone la que menos domina y en un fortuito yerro de Forsyth, el balón se fue silbando bajito al fondo de las angustias blanquiazules y desató la euforia celeste, que ya auguraba una tarde memorable.

En el descanso, Fernando miraba la cara triste de sus hijas y Pepe, mordiscaba sus enconos, por algo que le parecía injusto, al menos hasta ese momento. Mientras en casa, Rafo, terminaba su postre y lamentaba que Fleitas siga jugando gratis, después de aplicarle esa alevosa patada que sacó del partido a Aliberti. Era roja directa y cárcel de tres días, pensaba. Mientras Jhonny, reposaba su humanidad, regodeando la chacota tempranera, destapando la tercera botella de cerveza junto a sus amigos.

Si hay algo que no debe existir en el fútbol, es la piedad –en el buen sentido de la palabra- si un partido es el encuentro de dos rivales, que se encarnizan en una batalla por dejar a un ganador de pié, cuando tu rival está en el suelo, debes tener ese instinto asesino para liquidarlo, o corres el riesgo de que se levante y tome el arma que dejaste caer y te aseste el disparo en el mismo lugar donde pensabas hacerlo, un minuto antes. Goles que no haces, te los hacen, es una descripción mas blandita que puede graficar lo que Cristal perdonó, con el “Chorri”, con Hurtado y Lobatón, cuando tuvieron el detonador rastrillado, les afloró un sentimiento de culpa que pagarían muy caro.

Alianza estaba haciendo un partido para el olvido, desde el banco, Costas y su propuesta equivocada, no encontraba forma de que Gonzales Vigil, encare desde el flanco izquierdo y que Montaño encuentre respuesta en un medroso Fernández. Fleitas, empujaba desde atrás, pero siempre había mas piernas celestes que blanquiazules. Cristal se fue encopetando con el resultado controlado en la ductilidad del “Perrito” Lizarbe y la matonería gratuita de Perez (creo que Cristal solo lo contrató para infundir el respeto perdido) que por obra compensada de Rivera, también empezó a jugar gratuitamente. Todo era cuestión de tiempo, Oblitas charlaba donde iría a cenar con su hijo mas tarde. No había posibilidad imaginable para que Alianza remonte o empate siquiera el partido.

El final estaba cerca. Fernando y Pepe corroían su ansiedad y el reloj no dejaba de avanzar. Su pesadumbre era real, pero su fe aún estaba intacta. Rafo y Jhonny habían mandado comprar mas cerveza para celebrar. En el verde estaba el “Zorrito” Aguirre, el que los mismos aliancistas denigraban. Ya les había fallado cruelmente contra la U y ello le costó la banca. El destino travieso lo puso en el lugar y el momento exacto, justo cuando ya no quedaban mas esperanzas y los hinchas empezaban a abandonar el recinto victoriano, sacó un zurdazo impensado, pero letal, que se clavó en la garganta del hincha rimense, que apaciguó el golpe, tornando a la igualdad en casa ajena, como un buen resultado.

A Gonzáles Vigil le pueden criticar cualquier cosa y no será un dechado de virtudes, pero su entrega insensata y no dar una pelota por perdida, es su mayor virtud. En un partido con estas circunstancias, es cuando se ven a los jugadores de raza y también los de categoría. La jugada final del partido, donde hay que mandar el balón hasta los vestuarios, si es necesario, un lateral de selección como Prado, no puede cometer un error tan grosero. El “Lobo” se comió su candidez y la del portero, para lanzar el tacle a lo “Chuck Norris” y clavar la patada mortal, que mató la confianza celeste y reventó Matute como un polvorín.

En la tribuna, Fernando, se abraza con sus hijas, que lloran compartiendo la alegría de su padre y Pepe, salta abrazado de todos los íntimos que tiene cerca. Abajo en el verde hay un tumulto y el estadio es un coro de pasión y gritos desaforados. Rafo frente a la TV se toma la cabeza y no puede creer lo que está pasando. Jhonny, arrojó su vaso de cerveza y suelta una sonrisa indulgente, para esconder su desazón y la rabia contenida. En el minuto 100 ha sonado el pitazo final, de un partido con un final electrizante, que dejó acelerados a todos los corazones íntimos (incluso a los que abandonaron su confianza y las graderías), pero ha dejado un sinsabor celeste y una nueva lección aprendida, que un partido termina en el minuto final, no antes ni después.


Lo que no se pudo con la piernas, se hizo con el corazón, con la pujanza y con el espíritu indomable que debe tener un equipo con jerarquía, para sobreponerse a lo adverso. Lo que no pensaban que sucedería, se hizo real desde que Gonzales Vigil soportó a la hinchada tan igual como Aguirre. Desde que Fernando y Pepe, mis amigos aliancistas, se aferraron a lo imposible desde sus almas y sintieron hervir su sangre, en esos tensos, como inolvidables minutos finales. El “Zorrito” y el “Lobo” eran los vapuleados personajes que despertaron encono en la tribuna, pero en solo cinco minutos, de villanos se han convertido en héroes de una hazaña compartida, que hoy todo aquel que tenga el pecho blanquiazul celebra con jactancia. Quien lo diría, pero esas son las cosas que tiene el fútbol. Será por eso que nos apasiona tanto.